Una mujer japonesa intentó pernoctar en su kei car en el aparcamiento de una estación de carretera en la prefectura de Saga, pero abandonó el plan unos treinta minutos después del anochecer. Había preparado cortinas, una mesa, luces y un colchón, pero no pudo organizar el interior a oscuras, y el habitáculo sin aire acondicionado se volvió sofocante. Regresó a casa sola por una autopista que no había utilizado antes. Según su relato, el fracaso, tras unos seis meses de preparación, le resultó una lección útil.