Una niña de 11 años compró una caravana de segunda mano con sus propios ahorros, acumulados de paga y regalos de cumpleaños y otras festividades. Al enterarse de que un vecino vendía una caravana vieja, negoció el precio y cubrió todos los gastos ella misma. También destinó sus ahorros a muebles y equipo para la reforma. Familiares y amigos ayudaron en la conversión, y la caravana ahora está en el patio trasero y se usa como vivienda.