Laura y su marido Barry viven en una autocaravana desde hace 25 años, después de que un viaje a México se convirtiera en un estilo de vida permanente. Según Laura, la clave para preservar su relación es respetar el espacio del otro: la pareja practica las mismas actividades (senderismo, ciclismo, kayak) pero cada uno a su ritmo, y sus diferentes horarios de sueño les proporcionan momentos a solas. Las tareas están repartidas: Barry se encarga de la logística y el mantenimiento, Laura de cocinar, comprar y lavar los platos; ambos mantienen el orden y están abiertos a conocer a otros viajeros.