José Antonio, un funcionario de Cádiz de 30 años, vive desde hace más de año y medio en una furgoneta camper Volkswagen T5, después de dejar el piso en el que residía. Con un salario de 1.300 euros al mes, asegura que no paga hipoteca, agua ni luz. La furgoneta, de 2 metros cuadrados, cuenta con cocina con microondas y hornilla de gas, nevera de 85 litros, depósito de agua de 70 litros, WC y ducha portátiles, y un sofá cama de 110×200 centímetros; en la segunda planta tiene una tienda de techo con una cama de 220×130 centímetros y dos placas solares que le dan electricidad, con una autonomía de hasta 7 días sin energía solar usando el motor. José Antonio afirma que es la mejor decisión que ha tomado en su vida por la libertad y el ahorro que le aporta, aunque reconoce que la realidad de vivir en una furgoneta es más dura de lo que se muestra en las redes sociales.