El aumento de los precios del combustible está afectando gravemente al turismo australiano, especialmente a los parques de caravanas y campings. En el área rural de Wangaratta (Victoria), los administradores de Painter’s Island Holiday Park reportaron una caída del 10% en los ingresos respecto al año anterior, debido principalmente a cancelaciones de viajeros de otros estados. En la península de Eyre (Australia Meridional), las vacaciones de Semana Santa fueron «lentas»: en Wallaroo las reservas cayeron un 25–30%, aunque Mount Gambier y Renmark se mantuvieron estables gracias a visitantes locales.
En Queensland, la situación es más dramática. En Longreach Caravan Park se cancelaron al menos 30 reservas tras la suspensión del festival Big Red Bash, y la ocupación alcanzó mínimos históricos. Los propietarios lo atribuyen al llamado del primer ministro australiano a ahorrar combustible. Un operador en Tamworth reportó una caída del 50% en las reservas de Semana Santa, mientras que la demanda de alquiler de cabañas a largo plazo se mantuvo estable.
Una encuesta de Reflections Holidays mostró que el 47,1% de los viajeros ajustan significativamente sus planes debido al costo del combustible, y el 23,3% elige destinos más cercanos a casa. Una familia que viaja por el país gastó unos 500 dólares solo en diésel en Tasmania. La industria advierte de posibles cierres y pérdidas económicas superiores a 943 millones de dólares. El gobierno australiano convocó una reunión de emergencia del gabinete para abordar la crisis.